Friday, August 31, 2007

Inicio taller

A un año de la creación del blog Taller de Cuento Gótico y de impartir el curso dos semestres en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, dentro del programa de cursos extracurriculares, se iniciarán clases el próximo miércoles 5 de septiembre.

Horario: Miércoles de 18 a 20 horas
Lugar: Edificio C ( a un lado de la biblioteca, enfrente de las coordinaciones) salón 01, en la FCPyS, cerca del metro Universidad.
Gratuito.

El taller, en el cual se verá la teoría y práctica del cuento, está destinado a aquellos seres que gusten de la oscuridad, terror, horror, fantasía, ciencia ficción, pero sobre todo el arte de las letras.

Sharenii

Saturday, June 16, 2007

La cosa en el cuadro

Aquella mañana Josué caminaba por el zócalo viendo toda clase de cosas en los innumerables puestos ambulantes, aunque sólo se detuviera en aquellos donde hubiera antigüedades. Lámparas, libros, estatuillas y cuadros, hubo uno en especial que atrajo por completo su atención, se trataba de uno de 120 x 90 cm. de alto, con un marco dorado muy arabesco, pintado al óleo sobre manta, era una obra exquisita hecha con los mejores materiales, debía de costar por lo menos unos $1,600.

Josué siguió viendo detenidamente el cuadro en busca de algún defecto que pudiera desencantarlo a fin de desprenderse de aquello que sabía perfecto que no podría adquirir y lejos de hallarle un defecto, su aprecio por la obra iba en aumento.

- ¿Cuánto por este? – se animó por fin a preguntar
- Por ser mi primera venta del día dejaré que se lo lleve en $80 – respondió un viejo demasiado nervioso que se retorcía los dedos - ¿desea que se lo envuelva o que le consiga una caja?

Josué lo miró completamente extrañado sin saber que era más raro, si el hecho de que una pieza semejante costara lo que acababan de pedirle o la urgencia del vendedor por deshacerse de una cosa tan sin igual. No lo pensó y se lo llevó así, sin envoltura ni caja, quizás por la urgencia de llevárselo antes de que otro se lo ganara o por que quisiera presumirlo por la calle.

Lo primero que hizo al llegar a su departamento fue colgar el cuadro en el estudio; la pintura mostraba una fortaleza morisca con una atalaya a cada lado, cimentada en una peña, un árbol seco a la izquierda y una piedra a la derecha, el fondo era una reciente puesta de sol, colores violentos en el horizonte, amarillo, rojo y azul, sin sol ni estrellas ni tampoco luna, una ventana en cada atalaya, ambas oscuras y en la de la derecha, algo que no había notado antes: un par de ojos verdes que brillaban. Josué se quedó paralizado un instante y al reaccionar lo primero que se le ocurrió fue llamar a dos amigas bajo el pretexto de ver películas aunque lo que quisiera en realidad fuera presumir su nueva adquisición. Ellas llegaron y lo primero que dijeron fue sobre la pintura. Una dijo que era asombrosa la habilidad del artista para crear un ambiente tan realista, la otra dijo que le daba escalofríos pues juraba sentir la mirada de aquellos brillantes ojos verdes que, ahora estaban en la otra atalaya, cosa que aunque no dejara de ser raro, para Josué pasó inadvertido.

Cuando se fueron las amigas de Josué, ya muy tarde, él ya sólo pensaba en descansar, apagó las luces y se acostó. No lo dejaron dormir ciertos ruidos en el estudio y se levantó, al llegar se sorprendió por el intenso brillo verde de un par de ojos, encendió la luz y en todo el edificio se escuchó el desgarrador grito de Josué, a quien ya no se le volvió a ver en varios días. Los padres del muchacho, preocupados por su ausencia decidieron ir a buscarlo y la primera cosa rara que notaron fue que el departamento se encontraba cerrado por dentro, llevaron a un cerrajero y forzaron la puerta. Cuando abrieron se sorprendieron de una manera aterradora al ver el cuadro en el estudio y en la ventana de una de la atalayas la luz encendida y a su hijo asomado en ella con la más pura expresión de miedo.

La pintura se la llevaron los padres de Josué y aunque la cosa en el cuadro jamás volvió a ser vista, la imagen de Josué aparece unas veces en cualquiera de las atalayas, otras junto al árbol seco como escondiéndose de algo y muchas más tras la piedra.

Diana

Friday, May 25, 2007

Eléctrica


Me ha caído un rayo mientras veía llover a través de mi ventana, deseaba con ganas que pasara algo humeante, cuando una ráfaga de electricidad invadió mi cuerpo álgido. No sentí nada de inmediato, sin embargo minutos después comencé a perder la fuerza de gravedad, sí, estaba volando cual si estuviera dentro de una nave espacial viajando por el universo.

De mis dedos salían chispas de longitud mediana, mi cabello desprendía un sonido chirriante casi sutil al erizarse en su orbita. Salí de mi cuarto junto con el aire calcinado, mis pies no tocaban el suelo, ahí fue cuando comprendí que me había convertido en la mujer trueno. Al rededor de mi figura se desprendía un halo de luz mortífero. Era un resplandor.

Olía a quemado, pero mi piel estaba intacta, dentro de ella sentía correr un río de energía, entonces en ese momento una idea falaz se apoderó de mi mente: "si toco a la gente los sacaré de su letargo y vivirán eternamente".

Pero, ohh, fue mi sorpresa que al palpar lo que se moviera le provocaba una descarga eléctrica y moría de inmediato. Ahora me he quedado sola, levanto la mirada al firmamento y no distingo entre el día y la noche, porque a pesar de que el sol se esconda, el cielo no pierde su luz. Las estrellas se han apoderado de su negrura...

Sharenii

Monday, May 21, 2007

Obsesión


Me abro paso entre la multitud, a duras penas puedo deslizar mi cámara entre los apretones. La policía ya esta aquí.
La escena del crimen, un departamento de una vecindad de segunda. Todavía hay vestigios del atentado, según el policía a cargo: "fue un ajuste de cuentas entre amantes".
Uno le prendió fuego al otro, pero las llamas crecieron tanto que también lo alcanzaron a él.
Los vecinos escucharon los gritos: “hipócrita no vas a huir de mí”, en cuanto empezaron a ver las llamas. Dicen que él tenía una obsesión con el fuego, probablemente por eso el depto ardió tan rápido.
A los cuerpos a pesar de que se les podían ver las vísceras no tenían más heridas en el cuerpo. No cabe dudad que donde hubo fuego cenizas quedan.


Gabriela

Tuesday, April 24, 2007

Visitas del plano espiritual


Nacieron en diferentes lugares, pero al final que importaba, Natalia y Concepción eran primas, llegaron cada una con sus respectivos padres a vivir a la enorme y casi vacía casa que sus abuelos recién fallecidos acababan de heredarles, y desde entonces se volvieron inseparables; compañeras de juegos y travesuras como sólo se pueden hacer a los 5 años; en el comedor, en el jardín, en las escaleras; siempre juntas.

Les contrataron una institutriz que las cuidara y educase hasta llegar a al edad escolar, sin embargo ella rara vez estaba al pendiente.

La propiedad estaba tan deteriorada que había que restaurarla y las remodelaciones iniciaron. Esa mañana los padres supervisaban abajo a los trabajadores que, arreglaban paredes y puertas, sólo unos cuantos trabajaban en los barandales de las escaleras, cosa que pronto abandonaron para acudir al llamado de una de las madres.
Se suponía que la institutriz se encontraba arriba, cuidando que las niñas no bajaran ni se acercaran a las escaleras, pero ella las dejó para ir a dormir, no sin antes aclararles que debían cuidarse una a la otra. Natalia y Concepción, se asomaron por la baranda y Concepción, cuidando que a su prima no le pasara nada, quiso cerciorarse que la baranda fuera segura y se apoyó en ella, se recargó demasiado y la reja cayó junto con la niña. A los gritos de Natalia acudieron todos, sólo para darse cuenta que Concepción estaba muerta.

Lo que la institutriz les dijo a las niñas poco antes de la caída y muerte de una de ellas quedó tan grabado en la mente de Concepción, que aún desde la otra vida ella sigue visitando a Natalia, para cuidarla y asegurarse que nada le pase. Unas veces se puede oír a Natalia hablando sola en el comedor, en el jardín o en las escaleras y otras ella misma cuenta que antes de dormir, cuando el sueño la adormece, jura que puede ver a su prima entrando a su habitación que llega hasta ella y la besa antes de dormir.
Diana

*Inspirado en la pintura “niña viva y niña muerta” de Siqueiros.

Friday, April 20, 2007

Gemelos en petate


Siempre estuviste cerca de mí, antes que el sol, antes que el aire y te amé, podía sentir tu corazón latiendo igual que el mío, no te podía ver, pero sabía que estabas ahí, escuchandome.

Un día decidimos juntos salir a explorar y nos dimos cuenta que el mundo apestaba, pero yo te tenía a tí y tú a mí, ya no había regreso, sólo hacia adelante.

Pasaron los años, mientras tu comnigo y yo contigo, la vida era lenta. Siempre tenía a alguien con quien compartir, todos creían que éramos uno y ¿sabes? realmente lo éramos.

Un día te descubrí tirado en el petate, la escoba a un lado tuyo, no habíamos cumplido los ocho años y ya no respirabas, ¿por qué hermano mío, no me avisaste que decidías dejar la vida?.

Sin mí, miro tu rostro y veo la cara de la muerte se parece tanto a mí, dejame acompañarte, más bien no me dejes sólo, siento como la vida me abandona si tu no estas aquí. Hermano mío, espérame voy detras de tí.
Gabriela

Monday, April 02, 2007

El tiempo todo lo pudre


Hoy apresuré mi paso al dirigirme a la avenida principal, observé a mi alrededor, de pronto de la nada apareió un niño que sostenía en su mano un trapo arrugado , un perro era su compañía y al acercarme a la esquina, observé su mano izquierda sangrando y el perro gustoso lamía.

Cuanado crucé la avenida, volví la mirada atrás y había un cerdo con las vísceras de fuera, sorprendida regresé la mirada y otra vez el niño, pero esta vez tenía un gestón burlón, irónico; se me acercó poco a poco y me susuró:


- El tiempo todo lo pudre- se alejó y colocó en mi mano el trapo.


Me le quedé viendo a ese pedazo de tela nauseabundo y lo extendí con cuidado, en él había una mariposa muerta con sus alas rotas, vi el reloj, era tiempo de marcharme, y cuando quise tomar mi bolsa, !ohh Dios¡ no tenía brazo.


Regresé la mirada al niño que tenía por compañía su puerco cuyas tripas tenía de fuera y esté no dejaba de mirar hacia el vacío.


Claudia

Sunday, April 01, 2007

Capítulo I


Aún recuerdo la primera vez que cobré dinero por tener sexo. Llevaba tres días en la calle, mi padrastro me echó de la casa cuando me encontró en la cama con Luis, su hijo menor. A manotazos y gritos furiosos apartó a su hijo de mí, desnudo de medio cuerpo. Estaba rojo como un tomate, con las fosas nasales dilatadas que silbaban con su respirar rápido y agitado. Apenas tuve tiempo de tomar mis pantalones y mi camisa, al ponérmelos daba volteretas mientras ese hombre me empujaba por toda la casa. No me golpeó, seguro quería hacerlo, seguro quería arrancarme la cabeza y destrozarme a golpes.
Juan, su otro hijo, salió corriendo de la cocina con un mendrugo de pan en la mano, y al ver la escena corrió a ayudarme olvidándose del mendrugo y del respeto a su padre. Yo me estaba divirtiendo de lo lindo. Siguiendo las enseñanzas de la sabia Medea, no es conveniente atacar al adversario cara a cara, no, hay que cobrarse con su bien más valioso.

Para ese hombre hosco y malencarado saber a sus hijos maricones- como los llamó mil veces- era lo peor que podía pasarle. Juan se interponía entre su padre y yo que, tirado en el piso me ponía los zapatos tan rápido como podía, con la mirada en los dos hombres, para no perderme ni un segundo del espectáculo.
Luis salió del cuarto descalzo y cerrándose los pantalones, asustado de morir y aún sudoroso. Ahora viene lo bueno, pensé. Al verlo, Juan entendió de inmediato lo que los gritos y manotazos furiosos de su padre no habían podido- o no habían querido- explicarle.
La reacción fue inmediata: Juan buscó una explicación y yo solo sonreí como si fuera lo más normal del mundo, con un poco de cinismo debo admitir. Los tres idiotas lo entendieron al instante.

Las miradas de odio y asco que se dirigieron me hubieran causado un ataque de risa si no fuera porque mi padrastro, más furioso que nunca, se abalanzó sobre mí y ésta vez me llevó hasta la puerta arrastrando.

Antes de salir a gatas le volé un beso a sus hijos y el hombre calvo y gordo trató de alcanzarme la cara con un golpe que habría atinado si no fuera porque su obesidad lo hacía lento como caracol.

Mientras caminaba me felicitaba a mí mismo por lo que había hecho, me había liado con los dos retoños de aquel hombre asqueroso que, años antes, cuando mi madre aún vivía, se metía en mi cuarto por las noches. Recuerdo que para evitar que gritara, me ponía la muñeca sobre la boca y yo lo mordía tan fuerte que hacia brotar sangre.

Ese septiembre las noches eran frías, llevaba dos días sin comer, dormía en una banca y caminaba sin rumbo por el parque. Debí haber pasado mil veces por aquella esquina donde los chicos, no mayores que yo, se prostituian.
Ese lugar estaba llamándome y el hambre me hacia cada vez mas difícil no escuchar sus cantos y promesas.
El tercer día no aguanté más, con el estomago chirriando me planté en la esquina a esperar. Un auto azul se detuvo frente a mí y sentí ganas de correr pero mis piernas no se movieron.

-¿Cuánto cobras?

-Mil.- conteste tratando de sonar convencido.

-Es mucho, te doy quinientos. Súbete.

El sujeto era gordo y a punto de la calvicie, me recordó a mi padrastro. Se agitó del mismo modo y por si eso fuera poco, al igual que aquella bestia, resulto eyaculador precoz.

Me devolvió a la esquina una hora más tarde y con el dinero me compré dos bollos que me supieron a gloria. El primer paso estaba dado, ya no había marcha atrás.
Cinco años después dominaba el negocio como había dominado juegos de video en la niñez, en gran parte, todo era un juego. Uno que dejaba suficiente dinero para vivir bien y poder ahorrar para mi operación.

Había investigado, en algunas ciudades de Europa era gratuita. Es tu derecho, me dijo una psicóloga, si estas seguro del cambio de sexo estás en todo tu derecho pues es tu cuerpo, por eso el gobierno debe ofrecerlo como algo gratuito, aunque en este país sería más fácil ver al papa preso antes que una operación de cambio de sexo gratuita.
La operación sí se realizaba en este país pero a precios tan altos que seria un anciano para cuando juntara el dinero. Mejor era ahorrar para el viaje a Europa, sólo de ida, después ya me las arreglaría para nacionalizarme y obtener mi operación.

Me cambiaría el nombre, me pondría el de mi madre, ése que soñaba legarle a su hija y que por desgracia ambas murieron durante el parto.

Forbidden Vianey

Tuesday, March 27, 2007

Terror en la tierra


Los habitantes del centro ignoraban que una cosa viscosa derramaba un líquido mortal y crecía en unos túneles secretos que unos monjes construyeron en el siglo XVIII como refujio, mismos que se llenaron de tierra en el temblor del 85. Eran varios, se apareaban entre ellos, respiraban un gas que los fortalecía mientras que su cuerpo amorfo se ensanchaba.

La materia en descomposición se estancó en esos túneles, conformada por sangre y cuerpos muertos, víctimas del sismo, se mezcló con una sustancia que excretaban los desechos de los vendedores ambulantes.

Poco a poco fue formándose una bacteria, un ser vivo microscópico que transmutó en un indescifrable ser de tentáculos que se alimentaba de la mierda y de la basura que se transminaba de las alcantarillas, al mismo tiempo inerte se reproducía a una velocidad tal que los túneles estaban infestados y a punto de reventar. No se sabe cuando pero será pronto que estos seres de tentáculos despierten y salgan a la superficie.

Sharenii

Monday, March 26, 2007

Gente de la luna


- Dr. Renaud necesito que veas las acuarelas y el diario de una joven que recientemente ha perdido la razón. Necesito que, como colega me des tu opinión. Ha ingresado hoy por la tarde, desembarcó esta mañana en el puerto de Québec
- Estimado Dr. Jacquet, con gusto reviso lo que me pidas. ¿De dónde viene ella?
- Dinamarca. Pues bien, estas son las acuarelas y su diario…


Diario de Amelia

Mientras caminaba al rededor del lago observé de reojo a alguien que desde el otro extremo también lo bordeaba, levanté la vista y fui deslumbrada por el esplendor inhumano de una bellísima dama. Fue tal la impresión causada en mí, que fui directo a ella sin siquiera haber pensado en un pretexto para hablarle, ella pareció notarlo, pues se recogió el vestido y se sentó de frente, como esperándome y, aunque al principio me desconcertó su actitud, después lo vi como un punto a mi favor.

Al llegar le sonreí débilmente y ella se acomodó para que me sentara a su lado, fue entonces cuando le pregunté su nombre, pero ella se limitó a tomarme de las manos y viéndome a los ojos me dijo: “No puedo decirte… soy gente de la luna” en un susurro progresivamente apagado; la vi a los ojos esperando una sonrisa picaresca y sólo encontré un par de ojos muy azules y sinceros, enmarcados por las más tristes facciones. Se levantó y caminó de espaldas sin dejar de verme hasta desaparecer entre los árboles. De verdad cree lo que dice, debe estar mal de la cabeza.


A dos días del encuentro volví al lago y ahí estaba, esperándome sonriente; sentada de frente al sendero por el que salí, me miraba fijamente y me llamaba sin dejar de sonreír. Sentí mi corazón latir con más fuerza y casi corrí a sentarme a su lado, tomé su cara entre mis manos y la acerqué para besarle la mejilla y ese saludo tan efusivo de mi parte fue por el gran aprecio que ya le tenía a esa bellísima e indefensa criatura cuya mente creí divagar en extrañas fantasías, pues mientras yo le hablaba de mi familia y mi pasión por la pintura, ella me hablaba de claras aguas que servían de espejos a bellas criaturas que mente humana jamás imaginó, todo iluminado por suaves rayos plateados.
¡Oh Dios, si lo hubiera sabido antes! Escuchaba somnolienta sus melódicas descripciones cuando de los arbustos traseros salió un alarmado cazador, escopeta en mano y gritando plegarias para que me alejara de mi compañera, quien totalmente iracunda me dio la espalda y le sopló al cazador haciendo que al instante cayera desmayado; sólo hasta entonces entendí por qué ella nunca me daba la espalda… aunque hermosísima por delante, estaba hueca de atrás. Volteó a verme llorosa y se sumergió en el lago del cual jamás volvió a salir.


Segunda parte del diario de Amelia

Desde que dejé de verla, toda su gente, aunque no con la misma belleza, ha estado visitándome. Mujeres y hombres de espaldas y cabezas vacías se me acercan con la intención de hablarme y corro, corro de miedo.

Ellos no sólo se propagan, contagian a los humanos. Mi madre y mis hermanos, platicaban conmigo en mi recamara, parecían perfectamente normales hasta que me levanté por agua y les vi los cráneos vacíos. Caí al suelo horrorizada sin dejar de gritar hasta el desmayo, y al despertar me encontré encerrada bajo llave en mi propio dormitorio, desde el que escribo lo que pueden ser mis últimas palabras antes de enloquecer por completo o ser víctima de las atrocidades que la gente de la luna tengan reservadas para mí.


- pues bien… ya viste tanto las pinturas como el diario, ahora dime que piensas…
- las pinturas son maravillosas y… raras. Son personas bellísimas que ven de frente y a sus espaldas espejos que reflejan algo sin duda impresionante. ¿… y dice que Amelia puede no mentir del todo?
- De hecho ella no miente en absoluto, pues para ella todo es cierto. Sin embargo creo que no todo está en su imaginación, pues a pesar de que las personas que en la segunda parte de su diario son descritas como “gente de la luna” son personas reales y normales… la dama de la primera parte no ha sido reconocida
- ¿y qué hay del cazador?
- Efectivamente fue encontrado inconciente junto al lago con Amelia en shock sentada a su lado. Tuvo fiebre dos días y al tercero murió sin recuperar nunca la conciencia
- Esa gente son invenciones de Amelia o…
- ¡Oh no mi estimado discípulo! Si hasta ahora no hemos escuchado de ellos no es por otra cosa sino porque pertenecen a una leyenda parte del folclor de su patria, que aquí ya no llega.


Diana

Friday, March 16, 2007

Las cuatro mujeres

Eran sólo cuatro mujeres que estaban en aquel cuarto blanco. No era un manicomio aunque pudo haberlo sido. No había ventanas. Sólo una puerta de reluciente madera que cerrada limitaba el paso y encarcelaba a las cuatro voces .
La alarma sísmica se escuchó afuera y segundos después la tierra se movió con tanta fuerza que las mesas brincaban en sus sitios y las lámparas parpadeaban.
Las cuatro se avalanzaron sobre la puerta rasguñandose entre ellas y jalandose el cabello en un intento por salir primero. No pudieron. Las paredes crugieron y se quebraron como una fina copa de cristal con el peso de todo el edificio. Las lámparas, ahora ciegas, se rompieron y los cristales se regaron como el cura riega agua bendita sobre sus feligreces.
Muy juntas, en un rincon entre escombros y aún aferradas de los cabellos, las cuatro mujeres no pudieron abrir la puerta.

Forbidden Vianey

Thursday, March 15, 2007

Espejismos de una asesina

¡No es que mi proceder sea extraño! Es que la envidia y el odio corroe a todos cuando saben lo que hago y cuánto lo disfruto.
¡Ella lo entendía! incluso lo adoraba. Sabía que en la madrugada, cuando regresara, compartíamos el idilio de mis historias al igual que los aromas de ese líquido ya casi seco color rojo que mancahaban mi cuerpo. Compartiríamos todo: besos, amor, pasión, gustos, manias, horarios, hambre.

Algunas personas solían llamarnos extrañas porque no teníamos mucha relación con los demás, lo que sucedía es que no considerábamos su persona digna de siquiera respeto, todos eran incoherentes, fanáticos religiosos o superficiales. ¿Qué más daba? ¡No nos importaba!

Yo solía lamerle el sexo a media noche cuando se encontraba dormida y ella solía retorcerce de placer encajando sus uñas en mi espalda, afilando sus dientes en mi carne, bebiendo mi ser extraño hasta el alma. Todo eso sucedía siempre, después de que yo regresaba.

Y fue aquella larga noche en la que yo llegué temprano. ¡Ella sabía que yo soy una esclava de su sexo pero que no puedo verle con alguna mujer que no sea yo! Así que adormecí el amor que le tenía, mutilé la móbida ternura que siempre le compartía.

En ese momento ya había comido demasiado como para ingerir lo que había frente a mis ojos, pero ahí estaba en el centro del espacio gris del suelo, un cuerpo tan helado como el mármol que le soportaba, había sido hermoso en vida, sendual, palpitante y enfermo, sin embargo, ahora ya no estaba, sólo quedaba un cúmulo de huesos astillados, la poca sangre coagulada y músculos molidos tirados por el cuarto.

No sabía que hacer, ella me miraba fijo, con un signo de reclamo tan fuerte que sus ojos parecían salir de su órbita adornada por los círculos negros de siempre. ¡Yo escuchaba esas voces de reclamo! La escuchaba y la tenía siemrpe al lado, tan hermosa, que aún lamía yo su sexo sin respuesta, aún besaba sus senos que ya no se erizaban.

El cuarto seguía igual, un mes con el olor fétido de la muerte y la mirada acusativa de ella, un mes donde no he abierto la puerta más que cuando me da hambre y salgo por las noches de cacería. Ya me parece que los vecinos comienzan a sospechar que es podredumbre viene de mi departamento, pues a veces escucho murmullos en los pasillos acerca de mí, de la locura que habita en mi mente y de los hororres de aquella noche.

-Se oían gritos- dijo algún vecino al bajar la escalera con su pareja, mientras que en la habitación yo sólo encajaba mis dedos en el sexo vencido de ella y luego en el mío, sólo seguía buscando sus cálidad contracciones, las cuales ya no llegaban.

Ellos irrumpieron en mi puerta, eran demasiados y a pesar de mi gran fuerza no pude apartarlos de mí. Me llevaron amarrada hacia un lugar del cual no he podido salir y mientras me conducían a rastras hacia el vehículo escuchaba: ¡asesina, vampiro, canibal, loca, zorra maldita!. Al final sólo pude mirarle parada en el umbral del edificio tan callada y hermosa como siempre, pero con la mirada de reclamo, disgusto y odio... -¿Por qué? Dime tu motivo para matarla- aún podía escuchar su mente.

Sigo mirándola ahora en este lugar, en este cuarto blanco, en esta soledad. ¡No quería matarla amor mio!, pero es que ella estaba sobre lo más preciado para mí: tú cielo...

Ella jamás me perdonó, después de su aletargamiento de semanas, salió para decirle al mundo que había matado a nuestr hija adoptiva, a esa adolescente que amé, a esa niña que disfrutaba tanto de la sangre como nosotraas, ella, que entendía que el arte de matar es delicioso, que todos son tan despreciables que la piedad no existe... a ella, ella que nada más la abrazaba...

¡No, no alucino!. ¡Por favor amor! fue un error... ¡Perdóname!

Xaxni

Friday, March 02, 2007

Entrar aquí para leer El arte de escribir cuentos, de Juan Bosh

Friday, January 05, 2007

El metro se partió en dos

La muchedumbre se desbordó en angustia. Sólo habían pasado unos minutos desde que se escuchó un ruido ensordecedor y en seguida el gusano naranja frenó de golpe ocasionando un apagón interno y gritos que más bien se escucharon como aullidos. En un principio, la oscuridad y la incertidumbre reinó los vagones, la gente que se había caído tras la intempestiva parada del metro entre una estación y otra, se ponía de pie y de inmediato trataba de enterarse qué había roto con su inmunda rutina, qué era lo que había impedido llegar a su destino efímero, incomunicados de la civilización salvaje.
¡Malditos bastardos, no sabían lo que habían ocasionado por su inmunda existencia! Se limpiaban de polvo al tallarse la cara y el cuerpo con las manos, unos tosían y se oía en el eco retumbar la pregunta imbécil ¿estás bien?, en seguida llantos y gritos pidiendo salvación volaban por los pasillos negros, comenzó a oler a muerte, un fétido aire inundó el lugar.
El metro era de aquellos nuevos que sólo tienen una hilera de asientos en cada lado para que quepa más gente en medio, las ventanas no se abren completas, por lo que no podía caber un adulto y quizá hasta un niño, por el espacio pequeño.
Pasaron varios minutos y la masa intentaba abrir las puertas y ventanas, se oían vidrios rotos: con los extintores golpeaban las ventanas, algunos lo lograban.
La muchedumbre nunca tuvo el control, por eso eran como animales incapaces de manejar sus emociones, mismas que serán su perdición.
Pocos eran los que trataban de mantener la calma y organizarse, lo primitivo del ser humano estaba concentrado en islas de desesperación.
Era la hora pico, en donde a las 7 de la noche, todos venían desgastados al grado que parecían zombis sudados por la ignominia, el trabajo les absorbía la energía cual vampiro a su víctima.
En el metro se respiraba miedo, enojo, tristeza, hartazgo, desesperanza y rara vez alegría.
Unos en voz alta y otros en su mente se preguntaban si era algún acto del narco, del terrorismo o la guerrilla urbana, que con fines diferentes trataban de espantar a la gente y así, llamar la atención de los políticos corruptos y de los medios de comunicación.
Iban a morir y ellos no lo sabían, quizá lo intuían, por eso en sus diminutos cerebros se repetía una y otra vez su pútrida vida, desesperados trataban de llamar por los celulares para pedir ayuda.
De repente una ráfaga de viento bañado de un olor insoportable se dispersó entre la gente, era una especie de gas venenoso, que al penetrar por la nariz deshacía el cuerpo; se quemaba y retorcía en el suelo como gusano. La piel se despellejó y los órganos se asomaban ensangrentados, salía a la superficie sangre por doquier. Aullidos de dolor extremo retumban por los vagones, donde la muerte vagaba y succionaba vidas hasta saciar su hambre feroz como un verdugo ciego.
El metro se partió en dos, una explosión desencadenó el accidente. Del centro de la tierra salió con una fuerza impresionante un vapor tóxico cual lava saliendo de un volcán debido a la concentración de gases.


Era una sustancia que desde hace años la muchedumbre que utiliza este transporte desprende de sus cuerpos, es un ácido invisible provocado por la tristeza que a su vez se filtró por el suelo y subsuelo, llegó al manto freático, donde la concentración altamente tóxica provocó que hirivera hasta explotar. El ácido que escapó terminó con el origen de su existencia.

Sharenii

Saturday, December 09, 2006

Sondeando los abismos


Sola, así me encuentro y así lo he estado siempre y aunque soy joven no resiento mi soledad. Llevo años encerrada en mi improvisado laboratorio y por más que me he rodeado de libros de olvidada ciencia no logro vislumbrar respuesta; extrañas claves y letras crípticas ahora descifradas no me han servido de mucho y es que talvez esté hueca por dentro. Mis altos conocimientos matemáticos y químicos son sólo un elemento que poseo, me falta el espiritual.

Hacer, dispersar y luego sintetizar, al fin tengo la piedra cúbica que es la gran obra, el azoe y el azufre de los sabios, la medicina universal que me hará inmortal. Si por esto debo condenarme a la perpetua soledad... pues que así sea, la gloria lo compensará.
Hice una prueba fatal. Desde la azotea de un alto edificio contemplé lo que bien pudo ser mi último crepúsculo y me arrojé. Dolor, mucho dolor es todo lo que siento antes de hacer los esfuerzos sobrehumanos que me llevaron a ver mi cuerpo hecho trizas y, luego de sacar de entre mi chamarra la piedra cúbica, la usé.

"Buenas noches mamá" he dicho al ver su retrato junto a mi cama y duermo. Estoy viva, mi trabajo dió resultado...
Diana

Wednesday, November 29, 2006

Junto a mi costilla


El impacto asestado a mis verdes edades, tiernas locuacidades y como suavizar al villano en mi contra que no haya recordar mi precaria y corta historia de vida. Fue entoncés el detonante suficiente que me hiciera disparar mis parcos recuerdos de infancia violentada.
Aquella inmensa dimensión de cordura adulta se vio ausente y compensada con tremendas descargas de impaciencia, involución y bastanes acordes, amargos de lo que vislumbraban sus objetivas miradas por ofender mi espacio vital, cada vez que yo cometía acciones inmaduras de momentos de niño.
Hubo testigos un tanto ausentes de mi tragedia, que no fue más que dolores abiertos, lascerados como el limón a la herida, como hincar el colmillo a la tajada y luego escupir el pedazo con el simple hecho de sublimar bocanadas de furia en mi piel, aún con rastros de vientre materno y olor a rosa de vida.
Testigos discapacitados del sentido del habla, mudos eran entoncés; a veces, pretendían cerrar los ojos a su ajena realidad, que era la mia, y creo, en parte eran mis cómplices pues presenciaron mi cuerpo torcido, mis carnes como tasajos, mis huesos aún llamados cartilagos ya doblados y hundidos. Lo más callado del viento y hasta el tiempo eran prudentes lejos de convertirse en pequeños y gigantescos elementos de guarida y estructura de un mañana que llegó tarde.
El enramado que tejieron mis alaridos formaron un cuatro y en columnas mis paredes: mis tesigos, mis amigos, de quienes tantas veces quise sujetarme de sus castrados brazos y sólo lograban devolverme a la que ostentaba parentesco de sangre, de genes y hasta de caprichos de humor bipolar, a mi abuela.
Momentos locos e inestables que hicieron de mi madre también desistir de toda ilusión para conservarme a su lado y defenderme, cual hembra de perro que ciuda de su cachorro por si el extraño visitante quisiera apartarme de su entraña, pues me abandonó, a mi suerte, con esa tempranera de sentido de humanidad, común y amor.
Por su puesto que hubo sentencia a la clandestinidad de sus actos y mi entierro que ni para eso hubo respeto. Mi pequeño cuerpo, envuelto en bolsas de plástico, fue arrojado cual basura estorbosa de crimen al vacío oscuro, con tan sólo tres años de edad.
El último golpe ya ni lo sentí, sólo hubo un sentimiento que me ahogó, que me pidió por elevar el llanto y todo fue vertiginoso como conducierme por un tubo a gran velocidad y no mirar a trás, sólo sentir la succión a gran fuerza que me llevaría a un lugar familiar, entrañable y cálido, mi casa, la casa de todos de donde originalmente venimos y olvidamos por seguir en la evolución,
!Gran escuela!... Sólo una lección más.
Judith

Monday, November 13, 2006

El viaje a través de los sueños



El viento sopló intensamente durante ese día, la lluvia amainaba a momentos. Sebastián había preparado todo lo necesario para emprender el viaje hacia el norte del país, donde se encontraba en ese tiempo. Su destino era Nilreb, sin embargo, había pensado desplazarse hasta allá haciendo algunas paradas en los bosques y en pequeños pueblos, desde Gizpiel hasta Nilreb, donde buscaría a Markus, al cual amaba en secreto.
El ocaso se presentó, Sebastián tomó su mochila y salió de la residencia estudiantil. Caminó cerca de dos horas, debido a su escasa posesión monetaria, llegó hasta la frontera de la ciudad de Gizpiel .
Mientras caminaba por las calles de esta ciudad, llamaba en demasía su atención el cielo y la dirección en que el viento soplaba, pues le pareció que ellos eran quienes le guiaban hacía su indeterminado destino, aquella noche de verano. En el camino encontró a varios transeúntes, a quienes de vez en cuando preguntaba por la dirección del norte, aquellos se sorprendían por la extrañeza que provocaba la pregunta como la apariencia de Sebastián.
Caminó por lugares más solitarios de la comarca hasta que el cansancio y el hambre lo invitaron a tomar y comer algo mientras descansaba. Encontró un buen lugar cerca de un parque, se dispuso a probar un trozo de queso y beber vino, degustando el manjar olvidó todo. Sólo existía el goce que producía la comida.
Recordó y continúo la procesión lúgubre, pues su atuendo le permitía camuflagearse en la penumbra de la noche. Llegó a un Rasthof, donde pidió aventón a los PKW (de los que ninguno aceptó) y a los automovilistas que salían de la tienda, pero sin resultado.
La lluvia veraniega comenzaba, la noche se espesaba al igual que el viento soplaba intenso. Se aburrió y decidió continuar el camino siempre con dirección al norte.
Amanecía, cuando Sebastián se sintió cansado. Ya no tenía ni vino ni queso, el peso del equipaje se había vuelto más difícil. Así busco un lugar en el bosque cerca de la autopista y se dispuso a dormir.
Quizá daban las 6pm cuando despertó entre los árboles de la pequeña colina cerca de la autopista, pues el sol declinaba.
-¡Magnífico!, ahora puedo continuar, me siento renovado- exclamó al ver que el sol se perdía tras el horizonte.
Deambuló largo rato sobre la autopista, sin embargó, se percató de que ello estaba prohibido. Sucedió entonces que la policía apareció. Le cuestionaron su procedencia, ocupación y demás cosas que sólo a ese tipo de gente le interesa saber para comprobar una identidad, que en un ámbito político y social transmite confianza y seguridad (para ellos claro está), pues a Sebastián esas cuestiones le tenían sin cuidado. Todo estaba en orden, según dijeron.
Amablemente (cosa que lo sorprendió) se ofrecieron a llevarlo al próximo Rasthof, ubicado más o menos a unos 30 kilómetros del lugar donde lo encontraron.
Le advirtieron que no volviera a caminar sobre la autopista, pues por suerte seguía vivo. El deseo de muerte había sido subsumido en ese momento por la policía. Sebastián se contuvo y se despidió con amabilidad.
Entró a la tienda, bebió dos mokachinos y observó a su alrededor. No encontraba ninguna víctima para que lo llevara a su primer destino: Uassed. Toda la gente lo miraba perpleja o con cierto morbo, pues era extremadamente magro y vestía de negro, cosa que acentuaba la palidez verdosa de su tez que hacía tiempo no recibía luz solar.
Esperó un rato afuera de la tienda, mientras observaba a los automovilistas buscar cualquier oportunidad para salir de allí. Algo lo hizo voltear hacia la izquierda y a lo lejos, sentado en un café al aire libre se encontraba un joven de sombrero, el cual le hizo una señal invitándolo a viajar con él.
Sebastián se acercó. El desconocido comenzó la plática, intercambiaron algunas experiencias e información personal.
Ambos emprendieron de nuevo el viaje, el desconocido conducía un mustang gris, se dirigía a Nilreb. Juntos armaron una magnífica ruta de aventura para Sebastián, quien decidió omitir la parada en Uassed para llegar hasta Enker que colindaba con Nilreb, así podría cruzar a pie a través del bosque y lagos de esa región.
Anochecía cuando llegaron al séptimo puente marcado como destino, Sebastián se despidió y ambos se alegraron por la coincidencia del viaje y la compañía que es un tanto escasa por esos lugares.
Ya solo, Sebastián cruzó la autopista por el séptimo puente en total oscuridad, escuchaba el ruido de los motores y las llantas colisionando en el pavimento. Llegó a un sendero que atravesaba el bosque, eran casi las 11pm del segundo día, el solitario sendero lo invitaba a cruzarlo.
Así comenzó el recorrido, sin embargo, ya avanzado un buen trecho, deseó aguardar a la media noche en la profundidad y soledad del bosque. Buscó un lugar apacible, con densos y tupidos árboles, para perderse en su espesor y sombras nocturnas. Encendió cuatro pequeñas veladoras que había recibido de su amigo mágico Immo, las velas fueron puestas indicando los cuatro puntos cardinales, entonces, recordó repentinamente a su amiga la serpiente Achnap, se preguntaba acerca de la condición de la serpiente, que se olvidó de sí mismo no percatándose de que el fuego fatuo que todo lo devora, engullía todo a su paso, cuando ocurrió que se recordó a sí mismo, el fuego lo abrazaba en demasía.
Fue así como Sebastián desapareció esa noche. El incendio fue disipado por una gran tormenta que se desató al amanecer, sin embargo, de él no se encontró nada.
Ahora quizá crece en simbiosis con un árbol o bien transmutó en lo que ya no es.

Totenschädel

Sunday, November 12, 2006

El hallazgo


Una tormenta de rayos solares nos empapó las espaldas cincuenta segundos después de bajarnos del carro. Nos aguantamos, porque no nos quedó de otra. Se acababa de secar la última gota de gasolina, el pobre armatoste de metal nos sirvió cuanto pudo, pero sabíamos que en cualquier momento nos tendríamos que valer de piernas y lomos para avanzar cargando unos pocos alimentos, palas, picos y la mayor cantidad posible de agua.

Agua es lo que me hizo falta desde que empezamos a caminar bajo esa esfera de fuego. Yo me esforzaba por eliminar de mi mente las visiones de hielos resbalando por mi piel o de sandías repletas de jugo enrojeciendo mis comisuras o de chorros de agua de jamaica estrellándose en mi pecho y expandiéndose por mis entrañas. Me pregunté si a los demás les pasaría lo mismo o yo era el único que alucinaba en ese desierto con los pies enraizados en la arena y los brazos caídos a los costados.

Llevábamos ya un par de semanas de búsqueda. Nos habíamos desplazado en un principio con cierta facilidad en aquél coche antiguo tipo carroza de difuntos, útil para acortar distancias y tan amplio que cupimos los seis junto con las provisiones. Sabíamos lo que deseábamos encontrar, aunque contábamos con pocas herramientas para hallarlo, sin embargo, nos sobraba la esperanza y aquel plano desdibujado, junto con los instrumentos básicos que cargábamos nos dieron fuerzas para cruzar ciudades, bosques y zonas sinuosas entre hileras de montañas sin término aparente.

Pero ahora que estamos tan cerca de nuestra meta, este desierto nos aleja del objetivo, con sus arenas que nos queman los pies aún a través del cuero de las botas, con este astro que nos derrite cerebros, con la atmósfera que nos debilita los miembros. ¿Será el clima solamente? o ¿Se trata de esa extraña historia que nos contaron en el último pueblo por el que pasamos? Recuerdo las caras de horror que pusieron los hombres de aquella cantina cuando les dijimos que nos adentraríamos en esta laguna de arena. Nosotros, gente de ciudad, sonreímos incrédulos ante la ingenuidad pueblerina, disimulamos una sonrisa irónica ante la idea de los demonios de viento, pero ahora…

Mario acaba de caer muerto, luego de violentas convulsiones que también sufrieron Toño y el Chinicuil. Quedamos sólo tres. Tal vez yo seré el siguiente en lanzar un tremendo aullido antes de hundirme en la arena para espantar invisible alimañas que me ataquen el cuerpo. Nunca podré olvidar los alaridos de mis amigos, el terror dibujado en sus semblantes para quitarse de encima algo tan horrible y ominoso que no alcanza a la mirada ajena.

¿Qué era?, ¿Qué les corría por la piel?, ¿qué trataban de quitarse de encima antes de que los penetrara y los asesinara con esa saña?

Los que todavía seguimos vivos caminamos con la ayuda del mapa enrevesado. Tratamos de concentrarnos en la búsqueda para olvidar la maldición que ns persigue. Según nuestros cálculos estamos muy cerca del objetivo. Por cierto, no sabemos si nos alcanzará el agua para regresar…si regresamos. Si no nos matan las alimañas inmateriales, entonces lo hará la sed. Nuestra ambición de encontrar lo que deseamos es tan grande que no nos importa morir con tal de que sea después del hallazgo.

Cayó Joaco con la piel hecha trizas tras la desesperación de arrancarse “eso” de la epidermis. Adrián empieza a sentir picazón: la primera señal de que será el próximo. Así que empuño mi arma y apunto a su sien en cumplimiento de nuestro pacto: evitar tanto dolor.

Continuo. Un hombre y una bala solos en un desierto donde el diablo son mil aguijones invisibles. Mi único pensamiento es llegar y lo estoy logrando. Según el mapa estoy en la zona clave. Y lo sé porque el clima cambia. El sol empieza a congelarse y me envía un viento silbante que me hiela lentamente. No entiendo cómo es posible pasar en un segundo del infierno solar al invierno.

¿Qué es aquello que se ve a lo lejos? Una columna gigantesca de arena hecha torbellino en un punto fijo. Por fin lo encontré. No me vencerán ni este aire que quiere alejarme ni los piquetes que comienzo a sentir en la nuca. Arrastro los pies y cada paso es la suma de todos los esfuerzos de una vida. Me aferro a la pistola, a la cantimplora y a la pala como si me fueran a rescatar de mi destino.

Cierro mi mente a todos los peligros y sólo me concentro en encontrar… buscar…encontrar… mi fin es mi principio. Este momento es la razón de mi existencia. Ahora que he vencido todos estos obstáculos físicos y sobrenaturales lo he entendido. Nací para buscar. El hallazgo es la marca de mi muerte.

Marilú
Creación de imágenes literarias a partir de un viaje

Wednesday, November 08, 2006

Prohibido morder


Era una noche cualquiera, una noche más en la que Talia y Ailani salían de antro, en cada ocasión era uno distinto para romper la monotonía. Esa vez "dark" había sido el sitio seleccionado. Entraron sin ningún problema, sólo les llamó la atención cierta advertencia muy curiosa que estaba en la entrada: "prohibido morder".

- Son unos locos darketos, ponen lo que sea con tal de sentirse dioses vampiros de ultratumba- dijo Ailani y sonrió despreocupada. Talia no lo estaba.

Ya adentro caminaron hasta llegar a una mesa de aquel lugar indefinido, ausencia de luces multicolores, predomino del rojo y el negro, música oscura y deprimente, aquello era perfecto para Talia y Ailani, que buscaban experimentar en lugares nuevos como aquel antro...realmente era una cueva. De pronto alguien en la tarima toma el micrófono y habla a la concurrencia:

-¿Si? ¿bueno? eh... esta noche sólo hay dos visitantes, disfrutenlas y recuerden: prohibido morder.

En ese momento Talia y Ailani se vieron perplejas una a la otra e instantes después estaban rodeadas de hombres y mujeres que las tocaban y encajaban sus colmillos en ellas para absorber su sangre.

Una semana después ahí estaban Talia y Ailani, sentadas en la última mesa del "dark" pero ya no eran las mismas...
Diana